May 21 2008
El Ritual Final de las Guerras Floridas

Leyendo esta tarde sobre la conquista de México por parte de los barbudos españoles, me he topado con un ritual azteca que desconocía.
En el dibujo que ilustra el post, comprobaran que las dos personas representadas portan en su mano algo parecido a una paleta de madera blandida a forma de arma. Esa arma se llamaba macuáhuitl. Se trataba de una pieza de madera plana de unos cincuenta centímetros de largo provista de mango a la que se le insertaba dos hileras de lascas de obsidiana afiladas, con una capacidad para realizar profundos cortes. Dichos cortes únicamente podían hacerse casi únicamente al principio de la pelea, pues las lascas eran muy frágiles y rápidamente perdían su capacidad cortante.
La razón de su escasa efectividad cortante se debía a que el objetivo principal de esas armas no era matar a los enemigos de quién las portaba, sino únicamente herirlos para proceder posteriormente a su captura, pues para los aztecas era más valioso un enemigo herido que uno muerto, pues de esta forma podían ser sacrificados.
Pues por fin llegamos al ritual que quería contar. Una vez capturado el enemigo se celebraba entonces un combate ritual en honor de Huitzi-lopochtli, el dios más guerrero y adorado por los aztecas o mexicas, en el que uno de los cautivos seleccionado por su forma física, cuidado en las semanas anteriores al combate, era colocado sobre una plataforma de piedra, atado con una cuerda larga sujeta al tobillo que le daba cierta libertad de movimiento, y armado con un escudo, cuatro mazas arrojadizas y un macuáhuitl en que las lascas de obsidiana habían sido sustituidas por plumas.
Este pobre hombre, debía enfrentarse a siete guerreros aztecas, que tenían el objetivo de herirle poco a poco, causándole cortes superficiales hasta que la víctima cayera, agotada por el dolor, las heridas y la pérdida de sangre, para que entonces un sacerdote pudiera abrirle el pecho y arrancar su corazón todavía palpitante.
El captor original del sacrificado podía entonces tomar el cuerpo decapitado, beber su sangre y desollar la piel que portaría como marca de honor hasta que se deshiciera con el tiempo.
Estos sacrificios se realizaban al terminar las llamadas guerras floridas, batallas que tenían únicamente el objetivo de capturar enemigos vivos destinados al sacrificios previamente concertadas con el enemigo.












Seguro, que han leído o escuchado en alguna ocasión que la reina de Gran Bretaña ha concedido la Orden de la Jarretera a tal o cual persona. Por ejemplo fue concedida al actual Rey de España en 1989.







