El Descubrimiento del Cuerpo de San Isidro
Durante los días 19, 20 y 21 de julio de 1936, la madrileña Colegiata de San Isidro sufrió un gran incendio, no precisamente fortuito, que estuvo a punto de acabar con el edificio levantado en 1664.
Acabada la guerra civil, cuando se creía que el cuerpo de San Isidro había desaparecido en el incendio, D. Leopoldo Eijo y Garay, obispo de la diócesis hizo saber que el 23 de marzo de 1936, ante el cariz que estaban tomando la política en España y otras cosas de no comer, el cuerpo del Santo se había ocultado en un hueco existente en uno de los muros de la Colegiata, dejando en sus lugares las arcas exteriores, por lo que pasó desapercibido para los fieles.
El 13 de mayo de 1939 se procedió al descubrimiento de los sagrados restos -que el obispo de Madrid- calificó como “el más precioso tesoro de la diócesis. Y como no, había un fotógrafo para inmortalizar el momento…












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