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Curva de Zésar.

Written By: Hilarion on Junio 23, 2010 3 Comments

Hubo un tiempo feliz en el que los lectores dejaban con frecuencia comentarios a los artículos, lo que era tremendamente gratificante para su autor que así por lo menos sabía que alguien había paseado los ojos por su prosa, siempre escrita con más voluntad que acierto. Pues bien, en ese tiempo alguien preguntó qué había sido de Curva de Zésar, a lo que respondí que sencillamente había desaparecido. Y ¿qué es eso de Curva de Zésar?, se preguntarán casi todos. Pues vamos a satisfacer su curiosidad.

A Desiderio César Fernández no tuve ocasión de tratarle personalmente aunque le conocí de vista. Normal, él era adulto y yo un niño que compartía con él pocas inquietudes. Es más, en aquel entonces yo no sabía ni qué era una inquietud. Pero he leído cosas sobre él y puedo afirmar que sin duda fue un personaje singular. Madrileño de Torrubia del Campo (Cuenca), pues en aquel entonces casi ningún madrileño había nacido en Madrid,  trabajaba de barrendero… hasta que un día allá por la postguerra oyó la llamada de la Musa del Teatro, que si no recuerdo mal era Talía, dejó los escobones, el carrito y las calles y se aposentó en la casa de su madre, que estaba situada a la vera del río, entre este y la calle Antonio López aproximadamente a la altura de la calle Pasaje de Monserrat (los más curiosos que recurran a Google Maps), lindante con un vivero municipal que existió hace tiempo indolentemente recostado contra el Puente de Toledo.

Con sus propias manos y sin ninguna ayuda Desiderio “tuneó” la casa con materiales de derribo, abundantes en la postguerra: mármoles, ladrillos cerámicos, escayolas, etc., y consiguió algo a medio camino entre Churriguera y Gaudí. Y, lo más importante, habilitó una sala para interpretaciones teatrales en la que cabían no más de sesenta personas, alumbrada con candiles de carburo y climatizada con una estufa de leña. Al teatrito le puso el extraño nombre de “Curva de Zésar” y se convirtió en empresario teatral. Bueno, en empresario, taquillero, acomodador, autor, y actor. Porque él, y nada más que él, lo era todo en aquel teatrito, donde representaba sus obras de estilo vanguardista, más concretamente del llamado “drama sintético”, los domingos a las siete de la tarde.

Con la petulancia propia de los años en que vivimos, diríamos que aquello no pasaba de ser “algo de suburbio”. Nada más lejos de la realidad. Al lugar acudían, junto a los vecinos del barrio, los “progres” del teatro de la época, críticos teatrales, personajes como César González Ruano, el fotógrafo Alfonso, Torrente Ballester, que incluso en un capítulo de su novela Yo no soy yo, evidentemente situaba la acción en el “teatro Curva de César”. El ABC anunciaba sus estrenos en la Guía del Espectador, entre los del teatro Reina Victoria y los del Lara, e incluso fuera de Madrid la Vanguardia, entonces Española, daba cuenta de sus inicios de temporada , y aseguraba que si en vez de a la vera del Manzanares el teatrito hubiese estado en Montmartre o Montparnasse en París, se hubiese explotado como atracción turística. Animoso como pocos, Desiderio ofreció sus obras al Español, al María Guerrero y a José Tamayo, asegurando a quien quisiese oírle que en cuanto se representasen se volvería a hablar en el mundo entero del teatro español.

Bonito mientras duró, pero, ¡ay!, llegaron la canalización del río y el inicio de la construcción de la M-30 hacia mediados de los sesenta y vivero y teatro fueron barridos de la faz de la Tierra.

Desiderio retornó a su pueblo de origen. Las últimas noticias que se tienen de él son de los primeros años setenta y según nos cuenta ABC estaba tratando, con todo el voluntarismo del mundo, que la Dirección de Cultura Popular y Espectáculos cumpliese la promesa que le había hecho de patrocinarle una obra a estrenar en Madrid, y también pidiendo a la televisión, la única que había entonces, que emitiese una obra suya.

Parece ser que volvió a Madrid y murió en una destartalada buhardilla de la calle de Santiago el Verde. Sea este humilde artículo mi homenaje a tan singular y extraordinario personaje.

Desgraciadamente me ha sido imposible conseguir una foto de aquel teatro con una mínima calidad. Ni en la red, ni en mis libros, ni preguntando por ahí. Las que pongo son de un ABC de 1954, cuando las técnicas de reproducción de fotografías en periódico eran las que eran, y digitalizadas de forma bastante mejorable. La primera de ellas de la casita-teatro, donde a la derecha, tras los árboles, se intuye el Manzanares, mientras que a la izquierda, en la fachada, se lee con algún esfuerzo “Curva de Zésar” pintado en la pared y una flecha blanca que indica la entrada. La otra foto corresponde a la taquilla.

curva-zesar

taquilla

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3 Responses to “Curva de Zésar.”

  1. Hilarioncita says on: 24 Junio 2010 at 12:37

    Ea, vamos a dejar un comentario que si no Hilarión se nos enfurruña… Y por cierto, ¡menos mal que me ha dado por meterme en La Druida porque esta vez no has avisado de que ibas a publicar algo!

    Pues mira que no sé por qué tenía yo en la cabeza que la curva de César era la entrada que antes había a la M-30 en sentido Norte, desde el puente de Praga y lindante a la calle San David, y que el nombre le venía de un César que vivía allí. Al parecer, había desplazado un poco la historia de sitio…

    Durante todo el artículo he tenido en la cabeza la pregunta sobre el por qué de la “Z”, pero ya me suponía que en algún momento del artículo darías la respuesta…

  2. Jesús de Santos says on: 11 Julio 2010 at 16:48

    He mirado en internet y creia que no iba a encontrar nada sobre sitio y personaje tan peculiar, yo recuerdo haberlo visto como noticia en un NODO de la época sin poder precisar fecha y desde entonces no se me ha borrado, si investigas por ese camino encontraras algo de lo que comentas.

  3. jose perez says on: 26 Julio 2010 at 19:29

    La calle Antonio Lopez, que debe su nombre al Marques de Comillas, cuyo barrio está un poco mas arriba y en cuyo campo, donde hoy está el Parque de Comillas, dió un famoso mitin Azaña, con el que comenzo el Frente Popular, tenia hacia los años cincuenta este vivero que empezaba, junto al Puente de Toledo, por debajo del Colegio Concepcion Arenal, un poco mas adelante donde esta la calle Tomasa Ruiz, habia una colonia chabolista, que al igual que la de Jaime el Conquistador, fué realojada en el Cruce de Villaverde, a continuación venia el 55, casa que iba desde A. Lopez hasta la orilla del rio, y a continuación habia otro vivero, este tapiado que llegaba hasta el puente de Praga. El tal Cesar era un personaje un tanto huraño, y al que la chavaleria, tenia un poco de miedo. En frente habia una curiosa partida de Bingo, o de loteria, de la que recuerdo los curiosos nombresde algunos numeros, la niña bonita el 15, los dos patitos el 22, uno que hoy no seria politicamente correcto, la maricona el 4. Tambien vivia el famoso Emilio el Moro precedente de Jimi Hendrix

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