Reflexiones sobre la huelga que padecemos.
Y no creo que haga falta precisar que la huelga a la que me refiero es la del Metro. En estos días las cosas que he oído decir a las partes implicadas y también a los opinadores sobre esta “movilización de los compañeros y compañeras” del Metro, me han movido a algunas reflexiones que desearía compartir con vosotros.
Sin duda habréis oído como yo opiniones al respecto en los medios, que invariablemente empezaban por un “no discuto” el derecho fundamental de los trabajadores a hacer huelga, y terminaban con un “pero hombre: eso de no respetar los servicios mínimos está muy feo”. En cuanto a lo segundo solo queda admirarse de que les paguen por decir tales banalidades y en cuanto a lo primero, ya lo creo que es discutible.
¿Realmente es indiscutible el derecho a esta huelga? Quiero creer que se basan para afirmar tal cosa en el artículo 28.2 de la constitución española, donde se explicita el derecho de huelga. Es pues derecho constitucional, pero… ¿qué pasa cuando están implicados servicios públicos? La constitución también establece otros derechos fundamentales: por ejemplo el de la protección de la salud (art. 43.1). Entonces ¿Qué derecho es más indiscutible, el del personal de la sanidad pública a hacer huelga o el del ciudadano a que su salud sea protegida? Y hay más derechos: a la educación, a la libre circulación, etc. Resulta evidente que es legítimo plantear que el asunto se presta por lo menos a discusión e interpretación, pues cuando hay dos derechos fundamentales enfrentados hay que determinar si alguno prevalece sobre el otro y cual, y si no tratar de armonizarlos. Así que de lo de la “indiscutibilidad” de este tipo de huelgas nada de nada. No pasa de ser uno más de los infinitos latiguillos tópicos que se usan en las tertulias.
Pero es lo que hay en los medios y pedir a un opinador al uso una pizca de sentido común y de profundidad sería como pedir peras al olmo. Por ejemplo oigo a otro lumbrera minimizar el hecho de que el Metro pierda diariamente tres millones de euros con la huelga, allá la compañía Metropolitano parece decir, porque lo realmente lamentable es lo que pierden los particulares, en horas y medios alternativos de transporte. Lejos de la lumbrera el nefasto vicio de pensar un poco antes de emitir el consabido “a mí me parece que”. Los propietarios de la empresa Metropolitano, Comunidad y Ayuntamiento, tendrán que echar mano de la cartera para cubrir las pérdidas, y ¿quien llena las carteras de estas dos instituciones? ¡Horror, si son precisamente los particulares quienes las llenan! Así que va a resultar que una huelga en los servicios públicos no va contra ningún patrón concreto sino contra todos y cada uno de los particulares, ciudadanos, vecinos, habitantes o como quiera llamárseles.
También he oído a un empleado del Metro, quejarse de lo mal que les tratan en las tan manidas tertulias. Entre otras cosas afirmaba que solo se les recortaba el sueldo a ellos y no a los empleados de Telemadrid, o Canal de Isabel II. Afirmación más falsa que una moneda de tres euros. También se quejaba de que nadie decía que con los servicios mínimos establecidos había más personal trabajando que en un día normal sin huelga. Inmediatamente pensé que si había más personal que en un día ordinario y sin embargo el servicio funcionaba a la mitad, o menos, el personal en exceso debería estar tomando el sol, pero desde luego no dedicado a sus tareas habituales. Bondadosamente quiero creer que son excusas de mal pagador para justificar la injustificable actuación de los empleados del Metro, a través de sus representantes, en estos días.
Y queda, como no, la Comunidad. Nos dicen sus representantes muy campanudamente que esta vez sí, que los que han incumplido tendrán el justo castigo que establece la ley y que serán inflexibles. La gente, irritada, menospreciada, humillada, perjudicada por los huelguistas pide que sea verdad, que ya está bien y pide a las autoridades regionales que no cedan que ya llevamos muchas. Pues bien, yo les digo que abandonen toda esperanza. Poco antes de las elecciones regionales de 2007 hubo en el Metro un rosario de averías no comparable a nada conocido anteriormente. Se habló de sabotajes y se dijo que habría denuncias y que sobre los autores caería el peso de la ley y bla, bla, bla. No hemos vuelto a saber nada del asunto. Hace un par de años hubo una huelga de limpiezas en el Metro, también muy salvaje, durante la cual, y gracias a las cámaras de seguridad ,vimos a un energúmeno vertiendo aceite en el suelo de una estación, y como una pobre mujer se resbalaba y si mal no recuerdo salía de aquello con una mala fractura. Se dijo que gracias a la filmación el sujeto estaba identificado, que todo el peso de la ley le caería encima y bla, bla, bla. No hemos vuelto a saber nada del asunto. Y en esta ocasión estoy dispuesto a apostar un Chupachups con cualquiera a que esto se arreglará mandando los célebres expedientes, si es que realmente existen, a la papelera. Y otro chute de impunidad para los piqueteros.
Resumiendo: una huelga de servicios públicos no plantea una lucha económica contra ninguna patronal, sino contra el ciudadano y dado que le impide a este el ejercicio de sus derechos fundamentales, es de una más que dudosa legitimidad. En cuanto a los piqueteros, el incumplimiento de servicios mínimos o el entorpecimiento de estos si se realizan, al político le importan una higa ya que no él es parte perjudicada y así el “derecho” a la impunidad se consolida con cada huelga salvaje. ¡Ah! Y una sugerencia: el dinero que se paga a los tertulianos de radio y televisión por decir las trivialidades que dicen, mejor que se dé a los comedores sociales.

Piquete informativo recibiendo las últimas lecciones del master de técnicas de información sindical. (Foto publicada en Libertad Digital)
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