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El Guindero.

Written By: Hilarion on Julio 14, 2010 No Comment

Las crónicas no nos aclaran ni cuando ocurrió, probablemente en un verano del siglo XVII, ni el nombre del protagonista. Como a él le dará lo mismo, demos en llamarle Aniceto para adornar el relato.

Aniceto, con su borrico cargado con dos serones repletos de unas brillantes y fresquísimas guindas, se dirigía feliz hacia la Puerta de la Vega para entrar a Madrid. Y motivos tenía: la cosecha había sido buenísima y esperaba sacar unos buenos dineros por su venta. Pero poco dura la felicidad en casa del pobre. El Sol empezaba a picar, la carga era pesada y la Cuesta De la Vega dura de subir, así que el burro empezó a renquear y Aniceto a darle jarabe de palo hasta que el animal dio una especie de corveta y allá fueron serones y guindas rodando la cuesta abajo. ¡Qué desastre! Las antes lustrosas guindas alfombraban ahora la cuesta, algunas espachurradas, todas cubiertas del polvo y del detritus del camino. Aniceto en vez de jurar en caldeo y arameo como demandaba la ocasión, invocó a todo el santoral en su ayuda, sin olvidar a San Antonio del que era muy devoto.

En estas estaba cuando acertó a pasar por allí un joven franciscano, que al ver el deplorable cuadro se puso a recoger las guindas y devolverlas a los serones. ¡Deje vuesa merced, padre –clamaba Aniceto- que es inútil. Inútil! Pero el fraile siguió y los atónitos ojos de Aniceto vieron que las guindas que estaban ya en los serones brillaban y lucían aún mejor que antes de la caída. En acabada la recogida, el bueno de Niceto quiso dar al fraile una cesta de guindas en muestra de agradecimiento. No tenía otra cosa. El fraile con una sonrisa se lo agradeció y le dijo que mejor se las llevase después a la iglesia de San Nicolás, que él estaría allí.

Concluía la mañana y llegaba la tarde, cuando nuestro hortelano antes de marchar de Madrid y feliz por haber vendido toda su mercancía a buen precio, se pasó por San Nicolás para cumplimentar a su benefactor. Solo halló a esas horas en la iglesia a un sacristán trajinando en sus ocupaciones, al cual pidió razón de un fraile joven que era así y asá, que le había dicho que estaba en aquella iglesia. El sacristán se volvió y socarrón le dijo que allí de frailes solo había uno, señalando a un cuadro que representaba a San Antonio de Padua. Y en la imagen del santo reconoció Aniceto a su benefactor. Cuentan que el hortelano exclamó “¡¿Con que santo, eh? Así ya se puede”! Cosa que yo no sabría interpretar si como rústica expresión de reconocimiento, o como algo ingrato y poco edificante.

El caso es que como ocurría en aquellos tiempos con este tipo de acontecimientos, la noticia corrió de punta a punta de la Villa, y la imagen del santo, que a partir de ese día se conoció como San Antonio el Guindero, pasó a tener un buen número de nuevos devotos, tantos que en 1720 se fundó la Real e Ilustre Congregación de San Antonio de Padua “El Guindero que perdura hasta nuestros días. Como conmemoración y recuerdo del milagro es tradición el 13 de junio, día del santo, obsequiar a los feligreses que acuden a los actos de celebración en la parroquia de Santa Cruz una pequeña bolsa con guindas.

san-antonio-guindero

Este es el cuadro de autor anónimo y probablemente del siglo XVII, en el que nuestro hortelano reconoció a su benefactor y que puede contemplarse en la parroquia de Santa Cruz. Ha sido un cuadro muy itinerante, pues de San Nicolás pasó posteriormente a la Iglesia de Santa María la Real de la Almudena, luego a la Iglesia del Sacramento, más tarde a la cripta de la Almudena, para terminar en su ubicación actual. Al retablo se le añadieron posteriormente los dos cuadros pintados por Emilio Tudanca en 1962. El de la izquierda representa el milagro y el de la derecha el reconocimiento por el hortelano.

Resulta cuando menos curioso que San Antonio de Padua, que en su vida pisó Madrid, sea aquí un santo tan popular, pues se le venera doblemente tanto bajo la advocación de Guindero, como bajo la mucho más conocida de Casamentero en la Ermita de san Antonio de la Florida. Ya se sabe:

A San Antonio como es un santo casamentero
pidiendo matrimonio le agobian tanto
que yo no quiero pedirle al santo
más que un amor sincero.

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