La Casa de las Siete Chimeneas.
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No se sabe con certeza si la mansión fue construida por orden de un montero del rey para su hija, o si el montero fue un hombre de paja del rey Felipe II y que fue este el que la ordenó construir para la misma persona: Elena, la hija del montero y amante del rey. Y es que no me cansaré de repetir que aquellos Austrias, o Habsburgos, las mataban a la chita callando tras su aspecto austero y circunspecto, exceptuando al pío Felipe III, y al pobre Carlos II.
El caso es que suele ocurrir que los apegos de los reyes suelen ser efímeros y sus caprichos duran muy poco, así que Felipe II se cansó pronto de la relación y la zanjó como en él era habitual: casó bien casada a la dama, en este caso con un tal capitán Zapata. Vivió feliz la pareja en la mansión, la Casa de las Siete Chimeneas (aunque entonces no se la conocía por tal nombre pues aun no tenía tantas), por poco tiempo, ya que el mansurrón de Zapata tuvo que partir a la guerra de Flandes donde pereció en la batalla de San Quintín. La joven viuda quedó triste y sola en la enorme mansión. ¿Sola? Chismorreaban las comadres que por las noches acudía a la casa un embozado de gallardo porte y que allí se quedaba hasta el amanecer. ¿Reverdeció el real capricho? Parece ser que sí. Hasta que un día… Un mal día Elena apareció muerta en su lecho. Y entonces sí que se desataron los rumores, rumores que acusaban a Palacio de haber ordenado envenenarla, y que se afianzaron al desaparecer misteriosamente el cadáver de la dama. ¿La asesinaron realmente? No es nada descabellado. Por aquellos días había llegado a la corte Ana de Austria para contraer nupcias con Felipe II y puede que se enterase de la relación y obrase por su cuenta. O puede que Elena se excediese, exigiendo cosas a Felipe que la conveniencia hacía imposibles de conceder, y este se la quitó de encima definitivamente.
Sea lo que fuere lo ocurrido, a partir de entonces en las noches de luna llena y tras oírse el toque de ánimas, cinco campanadas graves, una pausa y tres campanadas agudas, un tenue resplandor aparece sobre el alero del tejado de la mansión. El resplandor va tomando forma: la de una mujer joven, melena negra suelta al viento, vaporoso vestido blanco y una antorcha en la mano. Con seguridad y decisión avanza hasta el borde más próximo al Alcazar Real, y vuelta la cara al mismo se arrodilla, se da fuertes golpes de pecho, lanza un grito y luego desaparece como apareció.
Se dice que poco tiempo después el padre de la infortunada Elena, apareció ahorcado, pendiendo de una viga de la mansión. También se cuenta que algunos años después, y siendo rey aun Felipe II, compró la casa un acaudalado viejo que casó con dama joven, presuntamente también amante del rey, y que esta se suicidó la misma noche de los esponsales. Su espíritu, dicen, vaga por los sótanos del edificio.
La mansión pasó después por muchas manos. Por ejemplo en 1583 por las del comerciante genovés Baltasar Cattaneo, que reformó el edificio y puso en él las siete chimeneas que le dan nombre. Pasó por las del Marqués de Esquilache, y fue allí adonde acudió el pueblo amotinado para darle masculillo al marqués. Y luego vinieron los bancos. Así en 1882 lo compra para su sede el Banco de Castilla. Durante las obras de remodelación, los obreros se encontraron al excavar en el sótano el cuerpo enterrado de una mujer, y a su alrededor unas monedas datadas en la época de Felipe II. ¿El cuerpo de la infortunada Elena que tan misteriosamente desapareció?
En 1960 otras obras de acondicionamiento permitieron descubrir el cadáver de un hombre emparedado en un muro de ladrillos ¿Quien sería el misterioso emparedado? La Casa de las Siete Chimeneas fue también sede del Banco Urquijo, cuyos propietarios murieron de la forma dramática que todos conocemos. En 1980 fue adquirida por el Estado y desde entonces es sede del Ministerio de Cultura, sin que las obras que se habrán hecho desde entonces hayan descubierto más cadáveres centenarios. O no nos lo han contado…
Desde hace tiempo no se ha vuelto a saber nada más de las apariciones. ¿Quizá porque los muertos descansan por fin en paz, o porque, como dije en otra ocasión, la luz de gas y la eléctrica se llevaron por delante y para siempre el Madrid mágico?
La Casa de las Siete Chimeneas (en la Plaza del Rey) hacia 1940. Como vemos no solo fue sede de bancos, sino también de una marca de productos alimenticios a base de maíz.
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Tags: Fantasmas de Madrid, Madrid mágico











¡Hombre, si han vuelto los rombos!